El calentamiento global es una realidad y hoy forma parte de nuestras vidas. Para los habitantes de una de las ciudades más grandes e importantes del mundo, es necesario estar conscientes sobre qué implica formar parte de este proceso de alteración climática y cómo se puede fortalecer a la Ciudad de México para asegurar la resiliencia y la seguridad de todos sus habitantes. El calentamiento global expone día con día las mayores vulnerabilidades de la ciudad, a la vez que acelera riesgos climáticos potenciales, por lo que debemos identificar cuáles son los eslabones más débiles en nuestra cadena de suministro urbano y sustituirlos por métodos eficientes que garanticen soberanía y seguridad a largo plazo.

 

El calentamiento global es un fenómeno climático causado por un aumento progresivo en la temperatura del planeta y se debe principalmente a la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Estos gases dejan pasar la luz pero retienen el calor como si fueran paredes de cristal de un invernadero.

 

Este efecto de conservación de calor en la atmósfera es natural y es lo que permite las condiciones para la vida; sin embargo es un fenómeno que fuera de equilibrio tiene el efecto contrario. Por milenios, se han liberado GEIs a la atmósfera a través de la respiración y descomposición de los seres vivos, el humo de los volcanes, la evaporación del océano, incendios forestales, etcétera. Sin embargo, los seres humanos hemos aumentado la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera un tercio desde la revolución industrial, generando un cambio tan acelerado en el clima que muchos seres vivos no pueden adaptarse. Estos cambios radicales en la temperatura traen como consecuencia el aumento en el nivel del mar, tormentas intensas, sequías prolongadas, extinción masiva de especies, temperaturas extremas y pérdidas de suministros de agua.

 

¿Qué significa esto para la Ciudad de México?

En un cúmulo urbano en el que habitan más de 20 millones de personas, es prioritario definir cuáles son las principales amenazas que nos plantea el calentamiento global, y es que aunque México es uno de los pocos países megadiversos en el mundo, el 20% de la población no tiene acceso al agua en la capital, más de 10 mil personas mueren al año por la contaminación atmosférica y se importan de otros países la mitad del trigo, 80% del arroz, entre 30 y 50% del frijol y la tercera parte del maíz que comemos. Estamos desperdiciando y desgastando recursos básicos que necesitamos para vivir, que además ya no producimos por cuenta propia y cuyos precios siguen en aumento mientras su disponibilidad disminuye.

 

Por otra parte, la dependencia de los combustibles fósiles es otro factor de riesgo para la Ciudad de México, ya que promueve un estilo de vida contaminante y un ambiente tóxico para los habitantes. Su método de extracción, refinamiento y combustión tienen un impacto altamente degradante en el entorno y en algunos casos, irreversible. Además, representa también un factor que amenaza la seguridad económica a largo plazo para las familias y empresas. En la CDMX, el precio de la gasolina aumentó entre 57% y 63% en lo que va de la actual administración y tan solo en un año el gas LP aumentó su precio entre 25% y 39%. Además, en 2017 la Comisión Federal de Electricidad (CFE) incrementó sus tarifas para industria, negocios y hogares con alto consumo energético en un 3.5%, 2.4% y 1.5%, respectivamente.

 

La generación eléctrica contribuye con el 19% de las emisiones de GEI en el país, mientras que las fuentes móviles generan el 84% de la contaminación atmosférica en la CDMX. ¿Qué significa esto? Que hemos desarrollado un estilo de vida entorno a la explotación de un combustible limitado, costoso y altamente contaminante, lo cual compromete nuestra salud, economía y bienestar.

 

Por último, la Ciudad afronta varias otras problemáticas como lo son el manejo de residuos, transporte y movilidad, salud pública, pobreza, inseguridad, inestabilidad política, entre otras. Hoy más que nunca se debe tomar acción a nivel individual y colectivo para encontrar soluciones prácticas que podamos aplicar lo más pronto posible y que impacten nuestra vida de manera tangible.

 

México es uno de los países con mayor potencial en el mundo para aprovechar recursos renovables como la luz del sol, que gracias a la tecnología y el desarrollo del financiamiento sustentable hoy se puede transformar en energía disponible y de bajo costo para hogares, empresas e industrias; esto se ve favorecido por el entorno de certidumbre para las inversiones privadas en el sector de Generación de Energía Distribuida. Y es que existen cada vez más incentivos que promueven el acceso a la energía ilimtada del sol, así como esquemas de financiamiento que permiten obtener sistemas solares en hogares y empresas pagando lo mismo que pagan actualmente.

 

Esto es relevante si consideramos que, según la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI), este sector produce cerca del 32% de las emisiones de GEI en el país, lo que
representa una gran área de oportunidad para reducir el impacto medioambiental a partir de la instalación de paneles solares que permitan transformar la energía solar en eléctrica, y calentadores que la conviertan en térmica. Además, de acuerdo con Forbes, la energía solar posee uno de los precios más bajos del mercado: sólo 2 centavos de dólar por kilovatio hora, mientras que el costo del gas natural —55% se importa desde Estados Unidos— es de 4 centavos de dólar.

 

Si los habitantes de la Ciudad de México comenzaran a implementar este tipo de iniciativas en sus hogares y negocios significaría un paso histórico hacia la eficiencia energética en México, pues permite a los ciudadanos tener acceso a fuentes de energía limpias, seguras y rentables, que además apoyan el compromiso nacional en el Acuerdo de París por reducir la emisión de GEI para el 2030.

 

Según el director de la oficina de Resiliencia de la Ciudad de México, Arnoldo Kramer: “El cambio climático se ha convertido en la amenaza a largo plazo más grande para el futuro de la ciudad. Y esto es porque está vinculado al agua, la salud, la contaminación del aire, la interrupción del tránsito a causa de inundaciones, la vulnerabilidad de la vivienda por derrumbes, lo cual quiere decir que no podemos empezar a atender ninguno de los problemas reales de la Ciudad sin hacer frente a la cuestión climática”. Para SistemaEco, ésta es una oportunidad de oro para impulsar iniciativas de beneficio compartido a las que puedan sumarse ciudadanos, familias, empresarios y emprendedores interesados en enriquecer su entorno, mientras que aseguran su estabilidad y seguridad a futuro.

 

El calentamiento global forma parte de nuestra vida y como habitantes de una de las ciudades más grandes del mundo, es vital estar conscientes de los profundos cambios sociales, ambientales y económicos que está provocando la alteración del clima. Esto no se trata de alarmarnos, sino de informarnos y prepararnos. Las acciones individuales suman y cada paso que damos para mejorar la vida de nuestro hogar es un paso que se refleja en toda la ciudad.

 

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