Un crecimiento económico sostenible está estrechamente vinculado a la productividad y competitividad de cada país y sus empresas. Un elemento clave para la competitividad es que las empresas cuenten con fuentes de energía renovables, baratas y limpias. Llamamos energía renovable a aquella que se obtiene de fuentes consideradas naturales e inagotables (como solar, eólica, biomasa, etcétera). Existe un consenso entre los expertos: la energía eólica es actualmente la más competitiva de todas.

Pero ¿qué es exactamente la energía eólica? Es la energía obtenida del viento, uno de los recursos energéticos más antiguos explotados por el ser humano. El término “eólico” proviene del latín aeolicus, relativo a Eolo, Dios de los vientos en la mitología griega. La energía eólica consiste en convertir la energía que produce el movimiento de las hélices de un aerogenerador impulsadas por el viento en energía eléctrica. Sus ventajas principales: no contamina y reduce el uso de combustibles fósiles (origen de las emisiones de efecto invernadero que causan el calentamiento global).

Datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés), señalan que  la energía eólica on-shore, (es decir cuando los molinos están sobre tierra firme) es el método eólico más eficiente, seguido del método off-shore, (donde los molinos se ubican en altamar). La misma IRENA indica que actualmente se produce a partir de energía eólica más del 3% del consumo mundial de electricidad; se espera que para 2020 se supere el 5%.  Para el año 2040 la Agencia Internacional prevé que la energía del viento pueda cubrir el 9% de la demanda eléctrica mundial y más del 20% en Europa.

 

Un caso de éxito de energía eólica

Los trenes de Holanda funcionan con energía eólica. Desde el día 1 de enero de 2017, todos los trenes que circulan por las vías de Holanda se alimentan de energía limpia. Para ser exactos, desde este año todos los trenes funcionan con la electricidad que generan enormes parques eólicos distribuidos en los campos de Holanda, Bélgica y Finlandia.

Los orígenes de este proyecto se remontan al año 2015, cuando la NS (Nederlandse Spoorwegen, la principal compañía ferroviaria del país), llegó a un acuerdo con las demás empresas del sector para reducir los efectos nocivos de la contaminación que generaban los antiguos trenes. El objetivo era pasar a depender en un 100% de las fuentes de energía renovable para el año 2018, pero alcanzaron su propósito un año antes.

El caso mexicano

Recientemente se inauguró la Fase 1 y 2 del Parque Eólico Tres Mesas en Tamaulipas, ubicado en el municipio de Llera, a 35 kilómetros de Ciudad Victoria. Dicho parque  proporcionará energía limpia y sostenible capaz de abastecer a cerca de un millón de habitantes y evitará la emisión a la atmósfera de 90 mil toneladas métricas de CO2, equivalentes a las generadas por 43 mil automóviles.

Con una inversión estimada de 315 millones de dólares, la financiación de este proyecto comprende los trabajos de ingeniería, suministro, construcción, instalación y pruebas de la obra civil, la red de media tensión, el sistema eléctrico de evacuación de energía y la interconexión a la red del parque. Al finalizarse, el proyecto contará con 45 aerogeneradores.

¿Viento en popa?

La competitividad también se refleja en el aprovechamiento del viento para producir electricidad. Sin embargo, las estructuras del mercado, la falta de know how sobre las tecnologías renovables, los elevados costos de financiación, la existencia de marcos regulatorios inadecuados y la incertidumbre normativa son factores que han contribuido a dificultar el desarrollo de las energías renovables en general.

La pregunta que ahora debemos plantearnos es ¿cómo reducir los costos de inversión y aumentar la cantidad de proyectos para poner sobre la mesa más propuestas sustentables y competitivas como las anteriormente expuestas?  Y es que la producción de electricidad mediante energía eólica y su uso eficiente contribuyen al desarrollo sustentable y económico de todo un país o región. #SoyEco